Alumnos Fueguinos participarán del desafío ECO YPF

Alumnos del Colegio Técnico Provincial Olga B. de Arko participarán en el Autódromo de Buenos Aires del Desafío Eco YPF, competencia que reúne a 70 escuelas técnicas de las 23 provincias de Argentina. Para darle apoyo al equipo fueguino es necesario entrar a https://goo.gl/GG8fRL. Las 3 escuelas de Argentina con más votos, subirán 5 posiciones en la largada.

El próximo 18 de noviembre, alumnos del Colegio Técnico Provincial Olga B. de Arko participarán en el Autódromo de Buenos Aires, Oscar y Juan Gálvez, del Desafío Eco YPF, la competencia impulsada por YPF que reúne a 70 escuelas técnicas de las 23 provincias de Argentina.

A pocos días de la competencia se lanzó el ECO Fan, un sitio web donde las personas podrán “darle energía” a los equipos de sus localidad, permitiendo que a mayor cantidad de votos los mismos puedan mejorar su posición de largada.

Para darle apoyo al equipo fueguino es necesario entrar a https://goo.gl/GG8fRL.Las 3 escuelas de Argentina con más votos, subirán 5 posiciones en la largada.

El equipo fueguino está conformado por Kevin Monstesinos, piloto y diseñador del auto Nº62; Shaira Romaniuk, jefa del equipo; Gastón Cayo, Jefe de Equipo Mecánico; Fernando Espinosa, Piloto suplente; el tutor es el profesor Denis Bianciotto. El equipo fue becado por la Fundación YPF y el INET.

Cabe destacar que el Desafío ECO YPF, es una competencia que involucra a más de 1000 alumnos del país, cada grupo de alumnos recibió un kit homologado por el ACA, con materiales y herramientas para crear los vehículos.

Impotencia: un hombre estacionó sobre una rampa e impidió el paso de un cochecito

Un peatón que pasaba por el lugar increpó al conductor y lo filmó.

Hace 3 Hs 23 7

Las infracciones son constantes sobre todo si pensamos en que gran parte se cometen los feriados, cuando los controles son menores. Un ejemplo de eso ocurrió ayer en barrio Norte y quedó grabado en un video que se volvió viral.

Un hombre estacionó su auto sobre la calle Laprida para sentarse a tomar un café en el bar de la esquina. Esto fue en la intersección con la calle San Martín.

Mientras el conductor del vehículo disfrutaba de su pedido, un peatón lo increpó y le pidió que lo corra. La primera reacción del hombre fue responder con un insulto, lo que llevó al peatón a sacar el celular y filmar la situación.

“¿Lo vas a sacar? Sacá el auto de ahí”, expresó quien filmaba. A lo que el hombre contestó: “no, no lo voy a sacar”. El peatón le siguió pidiendo que corra el vehículo y el infractor sólo optó por ignorarlo.

En eso una pareja con su bebé se paró en la esquina para intentar cruzar y formó parte del video ya que la rampa estaba obstruida y el peatón se encargó de destacarlo. Ni siquiera esa situación movilizó al dueño del Audi A4, quien siguió sentado tomando su café.

“En Tucumán, por lo general, cometer infracciones le produce satisfacción a la gente. Si los tucumanos en  vez de auto usaran avión, se estrellarían todos porque ninguno respeta una norma”, comentó el subsecretario de Tránsito y Transporte de la Municipalidad, Enrique Romero.

El funcionario además aseguró que sólo ayer, un inspector de tránsito labró cuatro talonarios de infracción por distintas faltas. En general, la mayor parte de ellas respondió a obstrucciones y estacionados en lugares prohibidos.

“El tucumano se siente omnipotente conduciendo y los feriados cree que puede hacer cualquier cosa”, cerró Romero.

Bolivianos en Ushuaia conmemoraron el aniversario de su independencia

La comunidad boliviana conmemoró este lunes en la Plaza Cívica los 193 años de la Independencia del ahora Estado Plurinacional de Bolivia de la que participó el jefe de Gabinete Oscar Souto en representación de la Municipalidad de Ushuaia junto a los concejales Hugo Romero y Gastón Ayala.

“Como hace 200 años con las gestas de independencia encabezadas por Bolívar, San Martín y Sucre, hoy cuando se cumplen 193 años de la independencia de Bolivia, el presidente Evo Morales continúa con esa línea de defensa de una Latinoamérica unida y libre”, dijo Souto.

“Para nosotros es una alegría saludar al pueblo boliviano en su día, compartir este homenaje con ACBU, la Asociación que nuclea a la comunidad boliviana en Ushuaia, que es la asociación reconocida como representación oficial por la embajada de ese país en nuestra ciudad”, concluyó.

Festival de Esculturas de Nieve: Será 9 al 12 de Agosto en Haruwen

En el centro invernal Haruwen, la Municipalidad de Ushuaia trabaja en la puesta a punto para la realización del nuevo Festival de Esculturas en Nieve que tendrá lugar los días 9, 10, 11 y 12 de agosto. Junto a Damián Muriel, quien administra el lugar, el secretario de Educación y Cultura, David Ferreyra, recorrió los trabajos que se llevan adelante con el armado de bloques y las instalaciones eléctricas.
Tras la firma del convenio de cooperación mutua celebrado entre el intendente Walter Vuoto en representación de la Municipalidad y el centro invernal, se trabaja para volver a escena uno de los festivales más populares de la Ciudad. “Se están armando los 16 bloques de hielo distribuidos en toda la zona que destinaron en Haruwen para que trabajen en las esculturas cada una de las personas que concursarán o participarán de este festival. Es en un claro del bosque, lugar establecido por el mismo centro invernal, donde personal de Servicios Públicos de la Municipalidad y personal operativo de la Secretaría de Cultura están preparando los bloques”, dijo Ferreyra.
El funcionario indicó que “se continuará con las luminarias, con todas las conexiones necesarias para iluminar y ambientar el lugar”.

El 9 de agosto comenzará el trabajo de los escultores y las escultoras, hasta el 12 del mismo mes. Luego y por un lapso aproximado de 15 días, las esculturas permanecerán en pie para ser visitadas en Haruwen por colegios, instituciones, vecinos y vecinas de Ushuaia como así también el turismo.

Más información en: https://www.latdf.com.ar/2018/08/festival-de-esculturas-de-nieve-sera-9.html
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Día de la Independencia de Argentina: ¿qué pasó el 9 de julio de 1816?

El 9 de Julio evoca la jornada en que un grupo de representantes de las Provincias Unidas confirmó en una declaración su intención de poner fin a siglos de dominio colonial español. La declaración de la independencia fue un acto soberano y colectivo. El histórico Congreso de Tucumán reunió a 28 diputados, que sesionaron y debatieron día a día durante muchos meses para proyectar una nueva nación. Allí se trazaron los primeros lineamientos de lo que luego sería la Argentina.

Cómo sucedió

El Congreso fue convocado cuando la Santa Alianza promovía en Europa la restauración monárquica y combatía los movimientos liberales y democráticos. Comenzó en Tucumán, por el creciente disgusto de los pueblos del interior con Buenos Aires. Desde la supresión de la Junta Grande por el Primer Triunvirato en 1811 y hasta el Directorio de Alvear, la conducción porteña había impuesto sus criterios centralistas, desconociendo las tendencias confederales de la mayoría de esos pueblos. Las provincias fueron convocadas para reunirse en Tucumán y enviaron sus diputados. Estuvieron incluidas algunas del Alto Perú, por entonces en manos realistas, pero no participaron Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental, por diferencias políticas. Entre los congresistas predominaba el sentimiento antiporteño. Las sesiones comenzaron el 24 de marzo de 1816, con Álvarez Thomas como Director Supremo, en la casa de doña Francisca Bazán de Laguna, y fueron anunciadas por una salva de 21 cañonazos. Pero pronto Álvarez Thomas renunció, y el 16 de abril fue reemplazado por Antonio González Balcarce, que también renunció. El 3 de mayo, Juan Martín de Pueyrredón, del grupo porteño, fue elegido Director Supremo, con el objetivo de pacificar y unir a todo el territorio.

Los diputados Esteban Agustín GazcónTeodoro Sánchez de Bustamante y José Mariano Serrano presentaron un plan aceptado por todos y cuyos puntos fundamentales fueron:

  • Comunicarse con todas las provincias para insistir en la necesidad de unión y así enfrentar al enemigo externo.
  • Declarar la Independencia.
  • Discutir la forma de gobierno más conveniente para las Provincias Unidas.
  • Elaborar un proyecto de Constitución.
  • Preparar un plan para apoyar y sostener la guerra en defensa propia, proveyendo de armamentos a los ejércitos patriotas.

Tras una serie de medidas y después de arduas discusiones acerca de la forma de gobierno, el 9 de julio de 1816, a pedido del diputado jujeño Teodoro Sánchez de Bustamante, se discutió el proyecto de Declaración de la Independencia. Después de tres meses y medio de sesiones, el Congreso proclamó este día la existencia de una nueva nación libre e independiente de España u otras naciones: las Provincias Unidas de Sud América. El diputado sanjuanino Francisco Narciso de Laprida preguntó: “¿Queréis que las Provincias de la Unión sean una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?”. Todos los diputados contestaron afirmativamente. De inmediato, se labró el Acta de la Emancipación.

Jóvenes fueguinos se presentaron en la Feria del Libro

Bajo el título de “Estalactitas en la lengua: micromuestrario de voces del sur” nueve jóvenes fueguinos se presentaron en el Stand de Tierra del Fuego en la Feria Internacional del Libro y cerraron la jornada del miércoles con una muestra integral que contempló poesía, danza y canciones.

El espectáculo fueguino atrapó a quienes transitaban por el pabellón Ocre del predio Ferial de Buenos Aires de la Rural, quienes se deleitaron con los versos de los poetas Priscila Valone, Angel Velazque, Quimey Saint Denis y Fefe Pansa; la danza de Gianna Ceballos, Antonela Muñoz y Julieta Naccarato; y las canciones de Vika Mora.

A las 20, las luces principales del stand se apagaron para dar paso a otras tenues y coloridas, y mientras por la pantalla principal, ubicada detrás del escenario, proyectaba imágenes alusivas a las expresiones artísticas, los poetas fueguinos comenzaron a recitar sus poesías.

Los versos dieron paso una recreación de un cuadro de la obra colectiva “Impulso”. Los cuerpos de Gianna Ceballos, Antonela Muñoz y Julieta Naccarato comenzaron a danzar sobre uno de los pasillos principales de acceso al stand fueguino. Al ritmo de una música experimental, demostraron que la poesía no es solo palabras.

El cierre quedó a cargo de la voz y la guitarra de Vika Mora, y de esta manera coronó una presentación integral y experimental, donde quedó demostrado el empuje y la fortaleza de las raíces de la joven cultura fueguina.

Feria del libro: discurso apertura Claudia Piñeiro

Antes que nada quiero agradecer haber sido elegida para dar el discurso de apertura en esta Feria del Libro de Buenos Aires. La Feria es el evento literario más importante de la ciudad, del país y de la región. Y una de las ferias en español más destacadas del mundo. Vengo a esta feria desde antes de ser escritora. Valoro lo que tiene de literario y también lo que tiene de evento social, de lugar de reunión, de cofradía, de territorio por el que transitan infinidad de personas buscando un libro. Desde que fui convocada a dar este discurso me persigue una pregunta: ¿Qué se espera de un escritor? ¿Alguien espera algo de nosotros? Tal vez sí. O tal vez ni siquiera que escribamos un próximo libro.

Cuando hace ocho años Griselda Gambaro tuvo que dar su discurso inaugural en la Feria de Frankfurt citó a Graham Greene quien había dicho: “Debemos admitir que la verdad del escritor y la deslealtad son términos sinónimos (…) El escritor estará siempre, en un momento o en otro, en conflicto con la autoridad”. Me atrae ese lugar para el escritor: el de conflicto con la autoridad. Entendiendo por autoridad –en nuestro caso- el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir. Me siento cómoda en un colectivo de escritores para los que la lealtad nunca deba ser con la autoridad, sino con el lector, con el ciudadano, con la literatura y con nosotros mismos. Y retomo el concepto tal cual lo expresó Gambaro: “Así debe ser por razones de sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico, de la disidencia como estado de alerta, si bien es preciso no confundir la disidencia – trabajo de pensamiento – con la estéril rutina del antagonismo sistemático.” Quiero apropiarme de esa frase de Gambaro: disentir como estado de alerta, no como antagonismo sistemático. La vida está llena de gestos que tienen un significado y tratamos de decodificar. Nosotros, como escritores, estamos atentos a los gestos que nos muestran la industria, el Estado y por supuesto los lectores. Los nuestros también importan pero solemos creer que alcanza con escribir. Sin embargo, hay determinadas circunstancias sociales frente a las cuales la falta de acción o la falta de gesto explícito también trasmite un mensaje.

Quiero señalar algunos de esos gestos.

Los escritores somos parte de la industria editorial. Reivindico el ejercicio de la literatura como trabajo y nosotros como trabajadores de la palabra. Somos trabajadores dentro de una industria, pero a veces ni nosotros mismos tenemos conciencia de ese status. La confusión puede deberse a que trabajamos haciendo lo que más nos importa en la vida: escribir. Hay textos inolvidables de George Orwell, Marguerite Duras, Reinaldo Arenas, acerca de por qué escribimos. Dice Arenas: “Para mí, escribir es una fatalidad, no una razón; una fuerza natural, no una interpretación”. Podría suscribir lo que dicen todos ellos, en especial sumarme a lo que dice Arenas porque creo que cualquiera de esas búsquedas del origen de la propia escritura son posteriores al acto. En el acto de escribir hay pulsión, escribimos porque no tenemos más remedio, porque si no escribiéramos no seríamos quienes somos. Creo en la escritura como una marca ontológica.

Nosotros tenemos plena conciencia de la crisis que atraviesa el sector; somos parte de la cadena de valor tanto como lo son todos los otros eslabones: el accionista que invierte en el negocio, el editor, el imprentero, el librero, el distribuidor, los correctores, los traductores y cada uno de los que trabajan en la industria. Nos gusta lo que hacemos y tal vez, si tuviéramos de qué vivir, lo haríamos gratis. Pero el trabajo se paga. Se nos debe pagar en tiempo y forma lo que vale. Algunas editoriales lo hacen, algunas no. No se trata de tamaños: grandes, medianas o independientes, hay quienes hacen las cosas bien y quienes las hacen mal. En ese sentido yo me siento privilegiada. Pero tengo la responsabilidad de hablar no sólo por lo que me pasa a mí sino por mis colegas.

Más allá de que el 10% por derechos de autor – porcentaje que no tiene otra explicación que “porque siempre fue así”- se liquide semestralmente y sin ajuste por inflación, hay editoriales que pudiendo hacerlo no pagan anticipos y otras que proponen contratos infirmables que no resistirían un análisis ni jurídico ni ético. ¿Por qué los firmamos? Porque queremos ser publicados, porque sabemos lo difícil que es conseguirlo, pero también porque estamos convencidos como “El mercader de Venecia” de Shakespeare, que aunque el contrato diga que deberemos pagar con una libra de carne, llegado el caso Shylock no será capaz de tomar el cuchillo y cortarnos un pedazo del cuerpo: error. Y porque estamos solos. Hay un estado de indefensión ante ciertos usos y costumbres que deberían ser revisados. Algunos tenemos la suerte de contar con un agente que nos defienda. Algunos tenemos la suerte de trabajar con editoriales que cumplen con sus obligaciones. Pero muchos escritores no. Ante esas inequidades hay una ausencia del Estado. Es poco habitual encontrar diputados que estén pensando leyes que nos protejan. Los jueces no entienden nuestros reclamos. Los distintos actores del poder ejecutivo no dan respuestas a preguntas sobre la continuidad de premios nacionales y municipales, la ley del libro o la jubilación de los escritores. No pretendo que nos digan que sí a todo lo que pedimos, pero pretendo un intercambio de opiniones y una respuesta que demuestre que se nos escucha. La ausencia de gesto también es un gesto. Los dramaturgos y guionistas cuentan con Argentores, que con errores y aciertos, defiende sus derechos. El resto de los escritores no tenemos sindicato en el sentido estricto de la palabra. Tal vez porque somos seres muy solitarios y poco afectos a lo gregario es que nos cuesta reclamar en conjunto y este reclamo no puede ser individual. Tal vez porque sentimos que la literatura tiene que estar por encima de cualquier demanda. Y es cierto, la literatura debe estar por encima de cualquier demanda; pero hoy, en el 2018, los escritores somos un engranaje de una industria que genera bienes y servicios y nuestra tarea tiene que ser honrada como lo que es: trabajo.

Algunos gestos novedosos y positivos. Han surgido en los últimos tiempos colectivos con conciencia de la necesidad de visibilizar lo que nos pasa. Por un lado la Unión de Escritores, que en su razón de ser dice : “Somos un grupo de escritoras y escritores interesados en instalar el debate sobre la figura del escritor en tanto trabajador”. Un grupo que iniciaron entre otros Selva Almada, Julián López, Enzo Maqueira, Alejandra Zina, y al que hemos adherido muchos más. Con ese debate, la Unión intenta lograr que escritores con menos experiencia adviertan que si alguien pide la libra de carne, no hay que firmar. Por otro lado está el nacimiento de NP literatura, una Asamblea Permanente de Trabajadoras Feministas del Campo Cultural, Literario e Intelectual que gestaron entre otras Cecilia Szperling, Florencia Abatte y Gabriela Cabezón Cámara. Ya adherimos más de trescientas cincuenta escritoras. NP literatura se define así: Nosotras proponemos diez puntos para un compromiso ético y solidario en la búsqueda de la igualdad de espacios, visibilidad y puesta en valor de la mujer en el campo cultural, literario e intelectual”.

Soy mujer y he tenido la suerte de hacer una carrera que me llevó a los lugares donde quería estar. Incluso a lugares que no había imaginado. Pero que en un grupo invisibilizado algunas logremos hacernos ver no invalida la oscuridad sino que la potencia. Me han hecho infinidad de entrevistas relacionadas con la Feria del Libro y en muchas me preguntan cómo me siento, dada mi condición de mujer, por abrir esta edición. Mi respuesta: “El año pasado la abrió Luisa Valenzuela”. El error o el olvido denota la discriminación: es “exótico” que se le otorgue ese lugar a una mujer.

Cuarenta y cuatro ediciones, cuatro escritoras. En estos días tuve la suerte y la amarga experiencia de escuchar numerosos ejemplos de discriminación e invisibilización de mujeres en el campo literario: en lo académico, en lo editorial, en lo institucional. No en la elección de los lectores. No en el éxito a lo largo del mundo. Voy a dar un solo ejemplo. Hoy los medios culturales a nivel mundial hablan de la literatura argentina nombrando entre otros pero con mucha mayor frecuencia a Samanta Schewblin, Ariana Harwicz –ambas finalistas del Booker Prize_ y Mariana Enriquez. Schewblin y Harwicz viven en el exterior, pero a Enriquez la tenemos a pocas cuadras. Si quieren oírla no la busquen en el programa de la Feria porque acá no estará. Van a tener que ir al Malba cuando converse con Richard Ford. Un afortunado Richard Ford. Quiero marcar esto no como reproche sino para que se vea. Como el mingitorio de Duchamp cada invisibilización grosera de una mujer trabajadora de la literatura debe ser sacada de su lugar y expuesta para que se tome conciencia. Los festivales de literatura y las ferias salvo honrosas excepciones están plagadas de mesas para debatir -entre mujeres por supuesto- si existe la literatura femenina, literatura y feminismo, el papel de la mujer en la literatura. Pero en las mesas de cuento, novela, lenguaje, crítica, las mujeres son minoría o no están. Así como hoy creo que a nadie se le escapa lo políticamente incorrecto que resultaría preguntarle a Obama qué siente haber sido presidente de los Estados Unidos siendo negro, o a Johanna Sigundardottr qué se siente ser presidente de Islandia y lesbiana, llegará un día en que dará vergüenza preguntar qué se siente ser mujer y abrir la Feria del Libro.

Pero más allá de los gestos acerca de nuestros derechos particulares, quisiera ahondar en un gesto que me parece trascendental para definir si se le da importancia o no a la literatura: la formación de lectores. Nadie nace lector. Se llega a ser lector transitando un camino de iniciación. ¿Qué estamos haciendo todos, la industria, los promotores culturales, nosotros escritores y especialmente el Estado para que haya cada día más lectores? Sin lectores no hay literatura. Lo dijo Sartre: “La operación de escribir supone la de leer como su correlativo dialéctico (…) Lo que hará surgir ese objeto concreto e imaginario que es la obra del espíritu, será el esfuerzo conjugado del autor y del lector. Sólo hay arte por y para los demás”. Permítanme repetirlo, si no hay lectores no hay literatura.

Hace no mucho escuché a Martin Kohan hablando de un autor argentino que él considera de los mejores escritores contemporáneos y a quien lee muy poca gente. Kohan decía que su trabajo en la Universidad es revertir la situación, formar lectores que aprecien esa literatura y quieran leerlo. No se quejó de que muchos no lo lean sino que expresó la conciencia de la necesidad de formar un lector. No cualquier lector se podrá encontrar con cualquier texto si no se lo entrena. Esta misma necesidad se puede transportar a otros niveles de lectura y concluiremos que hay argentinos que no están preparados para leer ningún texto. La democracia necesita ciudadanos y la lectura forma ciudadanos con pensamiento crítico y diverso.

Aún sin la competencia con la tv, el cine, series o entretenimientos virtuales, si una persona no está entrenada para leer nunca elegirá esa opción. Está claro que si un chico sale de la escuela primaria sin poder leer de corrido no podrá ser lector. Y no hablo de operaciones básicas de lectura como la elipsis, la anticipación, comprender una metáfora, poder hacer relaciones en base a conocimientos previos. Hablo de leer de corrido. Como primer paso tenemos que exigir que los alumnos terminen la escuela primaria con las habilidades indispensables para ser lectores. Lo tenemos que exigir no por la literatura sino por ellos. De otra manera estarán condenados a la exclusión. Es una deuda de la educación que lleva décadas. Luego buscar la manera de transmitir el entusiasmo por la lectura. Si de verdad un país cree en la importancia de leer, la promoción de la lectura debe ser una política de Estado.

Además de lo mucho que esta Feria hace por la promoción de la lectura, hay tres modelos muy exitosos que me gustaría destacar. Uno es el que desde hace años desarrollan Mempo Giardinelli y Natalia Porta López en el Chaco. No he visto nada igual. Cientos de maestros, profesores y promotores de lectura absorbiendo materiales pero sobre todo energía para contagiarla a nuevos lectores. Es una actividad que emociona. El Estado debería apoyarla con vehemencia. Otro modelo de promoción de la lectura exitoso es la Conabip, tan reconocido que en este momento hay personal de esa institución trabajando en el proceso de paz de Colombia, enseñando el modelo de inclusión social que significan las Bibliotecas Populares. Lo que sucede con la Conabip además de deslumbrarme por su tarea, me conmueve porque es una obra de años que pudo sostenerse a través de distintos gobiernos. Las políticas culturales tienen que ser persistentes en el tiempo para que surtan efecto. Si un nuevo gobierno borra lo que hizo el anterior estamos siempre en la línea de largada. He visto la gran labor de la Conabip desde los años en que estaba María del Carmen Bianchi, hasta hoy que la dirige con tremendo entusiasmo Leandro Sagastizabal. No hubo ruptura por cambio de gobierno, el que llegó lo hizo para sumar. Así debería ser siempre. Por último, el Filba Nacional de la Fundación Filba, que cada año se traslada a una ciudad del interior a llevar literatura. El festival está pensado en cada caso para el público local. No son los lectores quienes deben trasladarse sino los escritores; además de que visibiliza autores de la región. Federalismo puro, eso que vemos tan poco a pesar de lo que dice la Constitución.

Por último la pregunta inicial, ¿qué espera el lector de un escritor? ¿qué espera un ciudadano de nosotros aunque no nos lea? En el mejor de los casos, como dije, un próximo libro que satisfaga lo que cada lector busca: suspenso, manejo del lenguaje, personajes inolvidables, entretenimiento, incomodidad, inteligencia, ampliación del mundo propio. Cada lector exige a su manera. Pero además de un próximo libro, ¿se espera que opinemos sobre determinados asuntos de la realidad? Tenemos la habilidad de ver con un lente más fino y mostrar lo que vemos con palabras. ¿Debemos usar esa herramienta? ¿Esperan que lo hagamos? Hay escritores a los que no les interesa esta intervención. Hay otros a los que sí les interesa pero les da temor. Hay algunos a los que les interesa en exceso, tampoco es necesario opinar de todo. Hace un tiempo Juan Sasturain contó en la contratapa de Página 12 cómo trataba de mantenerse en silencio en reuniones familiares o con amigos para no entrar en discusiones. Hasta que de pronto alguien tocaba un tema y al hacerlo trazaba una línea que lo obligaba a dejar claro de qué lado estaba. Coincido con él. El año pasado vivimos acá, en esta Feria, una experiencia parecida cuando se convocó a una marcha para repudiar el intento de aplicar el cómputo de 2X1 a las condenas de militares por sus crímenes durante la dictadura. Muchos de nosotros y la misma Feria del Libro como institución decidimos suspender nuestras actividades para ir a la marcha. Hace pocos días, nos pasó lo mismo a cuatrocientas escritoras que acordamos defender con nuestra firma y con nuestro cuerpo la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Yo sentí en la calle el agradecimiento por esos gestos en aquella oportunidad y ahora, la confirmación de que eran necesarios. Sin embargo nos cuesta apropiarnos de ese espacio de intervención pública. Tal vez sea porque nos incomoda la palabra “intelectuales”, como definición del escritor que interviene en la sociedad.

Lo explica muy bien Carlos Altamirano en su artículo: “Intelectuales: nacimiento y peripecia de un nombre”. Dice: “El concepto de intelectual no tiene un significado establecido: es multívoco, se presta a la polémica y tiene límites imprecisos, como el conjunto social que se busca identificar”. El uso del término en la cultura contemporánea nace en Francia en el año 1898 con el debate por El caso Dreyfus. En 1894, el capitán del Ejército francés Alfred Dreyfus, alsaciano y de origen judío, fue arrestado bajo la acusación de haber entregado información secreta al agregado militar alemán en París. Con pruebas inexistentes o controvertidas, se lo condenó a cadena perpetua en la Isla del Diablo. Aunque luego quedó claro que era un error, los jefes militares se negaron a revisar el caso, sostenían que admitirlo afectaría la autoridad del Ejército. Pero como diría años después Graham Green el lugar del escritor es el de conflicto con la autoridad y Émile Zola se involucró en el affaire. En enero de 1898 publica en L’Aurore su carta abierta al Presidente de la República francesa, Yo acuso. El título se lo debemos al jefe de redacción Georges Clemenceau. Zolá advierte sobre la violación de las formas jurídicas en el proceso de 1894 y exige una revisión. Muchas firmas de peso lo acompañaron: Anatole France , André Gide, Marcel Proust. También muchísimos desconocidos, profesores, maestros, periodistas. A los pocos días Clemenceau hizo referencia a quienes firmaron como “esos intelectuales que se agrupan en torno de una idea y se mantienen inquebrantables”. Un nuevo actor colectivo -en palabras de Altamirano- ” proclamaba su incumbencia en lo referente a la verdad, la razón y la justicia, no solo frente a la elite política, el Ejército y las magistraturas del Estado, sino también frente al juicio irrazonado de una multitud arrebatada por el chovinismo y el antisemitismo.” En cambio Maurice Barrès, en una editorial de Le Journal los descalificó diciendo: “Estos supuestos intelectuales son un desecho inevitable del esfuerzo que lleva a cabo la sociedad para crear una elite”. Vuelvo a citar a Altamirano: “El debate sobre el caso Dreyfus deja ver que la apología del intelectual y el discurso contra el intelectual se desarrollaron juntos, como hermanos-enemigos. El conocimiento social es siempre impuro y la lucidez suele ser interesada.”

Quizás sea el elitismo la acusación que más nos incomoda. Pero si la palabra intelectual incomoda la solución puede ser usar otra en lugar de no actuar. ¿Cuándo y cómo hacerlo? Cuándo lo sabrá cada uno. Cómo: con nuestros propios recursos. Los escritores tenemos herramientas literarias y lingüísticas que no todos poseen. No se trata de elite, se trata de oficio. De ser trabajadores de la palabra. Voy a destacar hoy tres: la conciencia lingüística, el punto de vista, la composición de los personajes.
La conciencia lingüística es un término que tomo de Ivonne Bordelois en La palabra amenazada. Dice Bordelois: “Pero si esta cultura ataca la conciencia del lenguaje es, en gran medida, porque de algún modo se adivina que en ella, además de la fuerza refrescante de la poesía, reside la raíz de toda crítica. Para un sistema consumista como el que nos tiraniza, es indispensable la reducción del vocabulario, el aplanamiento y aplastamiento colectivo del lenguaje, la exclusión de los matices”.

Nosotros tenemos conciencia lingüística y por lo tanto podemos señalar a la sociedad cuando el uso, la desaparición o la apropiación indebida de una palabra es parte de una operación del lenguaje para manipularnos. Hace poco hablé de la palabra vida en los debates por la legalización del aborto. Hoy quisiera traer otra palabra que creo que fue usada de una manera que nos hizo mucho daño: grieta. Todos sabemos lo que es una grieta. Pero la palabra se usó para definir la división de nuestra sociedad por pensar diferente. Si hay una grieta hay dos territorios separados por un vacío. No hay puentes. No hay comunicación posible. Si uno quiere pasar de un lugar al otro para dialogar se cae en una zanja. Los que no se sienten parte de ninguno de los dos sectores están condenados a desplomarse en ese tajo hecho casi de violencia: una grieta no se piensa, no se planea, desgarra la superficie de forma antojadiza. La democracia es pluralidad de voces viviendo en un mismo conjunto y espacio social. ¿Éramos una grieta o el lenguaje operó sobre nosotros y nuestras diferencias para que no haya diálogo posible? Tal vez, si hubiéramos hecho una advertencia desde la conciencia lingüística la historia sería diferente.

Tenemos otro recurso muy valioso: el punto de vista. Nadie mira el mundo desde la misma ventana y por lo tanto no hay una sola imagen posible. Cuando escribimos elegimos desde qué personaje contaremos la historia y eso es una decisión trascendental. El cuento En el bosque , de Akutagawa, nos muestra que, en ciertas ocasiones, ni siquiera en un crimen existe una única verdad. Entender el concepto de punto de vista, en vez de dibujar una grieta, podría ayudar a ponernos en la ventana del otro para mirar el mundo, aunque luego uno termine eligiendo la ventana propia.

Por último la composición de los personajes. Cuando creamos un personaje necesitamos que tenga lo que Mauricio Kartun llama tridimensionalidad, que el personaje no sea plano ni maniqueo. Ese requerimiento nos obliga a hacer un ejercicio de humildad: un personaje no piensa ni actúa como nosotros, lo hace desde su propia identidad. Cuando alguien lee también tiene que hacer ese ejercicio. Caminar con los zapatos de otro ayuda a comprender que ese otro vivirá su vida como lo indique su historia personal y su esencia. Y esa comprensión nos puede enseñar a no juzgar, a abrazar aún después de un acto que no compartimos. En dos de mis novelas y en un cuento toqué la temática del aborto. Pero no me arrogué la vida de mis personajes, no los hice actuar como yo habría actuado. En “Tuya”, la adolescente que queda embarazada y concurre a un consultorio clandestino finalmente decide no abortar. En el cuento Basura para las gallinas una madre le hace un aborto a su hija con una aguja de tejer tal como vio a su propia madre hacérselo a su hermana. En “Elena sabe”, una mujer es secuestrada por otra en el momento que está por entrar a hacerse un aborto; años después la mujer que no pudo interrumpir el embarazo es una persona gris que no ha superado el trauma que le ocasionó tener un hijo contra su voluntad.

He mencionado muchos libros en esta tarde de apertura de la Feria. Esa tarea, la de prescribir lecturas como una entusiasta receta médica, es algo que aprendí de mi maestro Guillermo Saccomanno. Cuando empecé a trabajar con él me entregó una lista de más de cien libros imprescindibles que aún conservo, y a la que le fue sumando generosas recomendaciones a lo largo de los años. Me gusta recomendar lecturas también. Podría entusiasmarlos con distintos libros ahora mismo. Pero dado el debate que hoy nos atraviesa y en mi rol de escritora que sí desea intervenir en la sociedad, quiero dejarles una pequeña lista de novelas, textos de no ficción y cuentos que plantean el tema no sólo del aborto sino del derecho a la no maternidad, una cuestión clave en ese debate. En la buena literatura no encontrarán verdad sino puntos de vista, personajes que ante un abismo toman decisiones según su esencia y nunca, ojalá, preceptores de moralidad.

Va mi lista. Anoten : “Lanús”, una novela de Sergio Olguín, “Pendiente”, una novela de Mariana Dimopulos, “Hospital de Ranas”, una novela de Lorrie Moore, Una felicidad repulsiva, un cuento de Guillermo Martínez, “Mátate, amor”, una novela de Ariana Harwicz, Colinas como elefantes blancos, un cuento de Ernest Hemingway, “Los príncipes de Maine”, una novela de John Irving, “La importancia de no entenderlo todo”, un libro de artículos de Grace Paley, “A corazón abierto”, una novela de Ricardo Coler, La llave, un cuento de Liliana Heker, “Santa Evita”, una novela de Tomás Eloy Martínez, “Enero”, una novela de Sara Gallardo, “Palmeras Salvajes”, una novela de William Faulkner, “Contra los hijos”, un libro de no ficción de Lina Meruane, El curandero del amor, un cuento de Washington Cucurto, “Vía revolucionaria”, una novela de Richard Yates. Sumen los suyos y pásenmelos.

Antes de despedirme mi especial recuerdo para Liliana Bodoc, una ferviente trabajadora de la palabra. Liliana fue una mujer que vivió dando gestos, hermosos gestos. Y en disidencia como estado de alerta. A ella también tendrían que leerla si aún no lo hicieron.

Buenas tardes, disfruten la Feria del Libro de Buenos Aires.

Muchas gracias.