Presentarán un proyecto para bajar la edad de imputabilidad a 14 años

El Gobierno Nacional enviará al Congreso un proyecto de ley de responsabilidad penal juvenil. El nuevo documento propone bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. La intención del Gobierno es que el proyecto pase antes se observado y debatido por organizaciones de la sociedad civil, y creen que una vez en el Legislativo contarán con el apoyo de parte del peronismo y el massismo para convertirlo en ley.

 

En marzo del 2017, al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Mauricio Macri destacó la necesidad de discutir y sancionar un régimen de responsabilidad penal juvenil. Más tarde, el ministro de Justicia y Derechos Humanos Germán Garavano sostuvo que un proyecto oficial buscaría “reducir la imputabilidad a partir de los 14 años para delitos graves o gravísimos, en los casos de homicidios y violaciones” y añadió que “probablemente, para la franja de 15 años, para otros delitos como robo con armas, para hacer una progresión en términos de la evolución dentro del delito, que se permita la investigación y la prosecución de estos procesos”.

 

El proyecto incluirá la aplicación de penas máximas de entre ocho y diez años de privación de la libertad para los menores hallados culpables de dichos delitos pero también medidas alternativas sin restricciones a la libre circulación para delitos menores.

 

Se presume que el Poder Ejecutivo envíe el proyecto al Congreso en marzo, luego de que en el segundo mes de este 2018 lo someta a dialogó con organizaciones de la sociedad civil.

 

Este proyecto de ley de responsabilidad juvenil promete ser uno de los temas más conflictivos e importante que se debata en el Congreso. Tras el anuncio del Gobierno en 2017, organizaciones como el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal se mostraron favorables, mientras que desde la Conferencia Episcopal Argentina rechazaron la iniciativa.

 

Actualmente, Argentina cuenta con un “régimen tutelar”, que permite a los jueces disponer sobre la libertad de los menores que delinquen sin someterlos a un proceso y sin garantizar sus derechos.

 

La mayoría de países de América Latina y Europa ya incluyen la Responsabilidad Penal Juvenil a los menores desde los 14 años (Chile, Colombia, España), 13 años (Uruguay, Guatemala, Nicaragua), o 12 años (Costa Rica, Ecuador, Perú), entre otros.

Varios barrios de Ushuaia estarán sin luz este sábado 27 de enero

La Dirección Provincial de Energía (DPE) informó a la población de Ushuaia que, este sábado 27 de enero, de 7 a 11, se efectuará un corte en el suministro de energía eléctrica, en distintos sectores de la ciudad.

 

Los trabajos se realizarán siempre y cuando las condiciones climáticas así lo permitan, y la zona afectada es la delimitada por las calles Sarmiento, Magallanes, Gobernador Paz y Damiana Fique, abarcando a los siguientes barrios:

  • 200 Viviendas
  • Primer Argentino
  • Intevu XIV
  • José Hernández
  • Vicente “Chacho” Peñaloza
  • Los Canelos
  • Güemes
  • Edificio Australis

 

Desde la DPE, indicaron que las labores contemplan el mantenimiento en el puesto de transformación aéreo de la intersección de Onas y G.Paz, así como también el montaje de nuevas acometidas subterráneas de baja tensión, para energizar nuevos suministros.

Músicos Fueguinos: Emotiva presentación en el Festival de Cosquín

Facundo Armas, Los Hermanos Pérez, Ushuaia 4 y los Ex-Combatientes de Malvinas conmovieron al público con su actuación en el Festival de Cosquín.  

Este miércoles por la noche, la delegación fueguina compuesta por Facundo Armas, Los Hermanos Pérez, Ushuaia 4 y los Ex-Combatientes de Malvinas se presentó en el Festival de Cosquín en la ciudad de Córdoba. El vicegobernador, Juan Carlos Arcando, estuvo presente acompañando a los representantes de Tierra del Fuego.

Luego de la presentación denominada “Postales de Provincia: Tierra del Fuego”, que fue transmitida en vivo por la Televisión Pública Fueguina, el Vicegobernador destacó que “fue muy emocionante. Me tocó verlo al costado del escenario, la plaza se puso de pie y ovacionó a nuestra delegación y a nuestros veteranos de Malvinas”.

“Es la primera vez en la historia que pasa una cosa como esa. Nos han dicho que lo que hicimos fue realmente extraordinario. Queríamos hacer un número sencillo, que nos represente y a la gente se les caían las lágrimas” afirmando que “comienza una nueva etapa desde la cultura y la música de nuestra Provincia” dijo Arcando.

   

Nació con su papá preso, vive en Bajo Flores y llegó al Teatro Colón: “No estás condenado a ser el hijo del chorro”

En los pasillos. De fondo, las piletas de lona y los niños que se acercan a escucharlo (Diego Barbatto)

“Mi mamá estaba en un velatorio, acá mismo, en el Bajo Flores, cuando empezó a tener contracciones. Mi papá no pudo ir al hospital, hacía un tiempo que estaba preso. Así empieza mi vida”, dice Lucas Velásquez. ¿Cómo sigue? Haciendo contorsiones para esquivar los estigmas con los que suelen cargar los hijos de presos: “Este también va a ser chorro”, “de tal palo tal astilla”, “que las manzanas podridas no pudran al resto”.

Es que para Lucas, que ahora tiene 20 años, su destino no tenía por qué estar marcado por la herencia. Y ahora, cuando sale al pasillo del barrio con su contrabajo -acá al lado de la villa 1.11.14- se nota por qué tenía razón. Es el contrabajo con el que llegó al Teatro Colón.

Es lunes, son las 10 de la mañana y en los pasillos del barrio no hay nadie a la vista. Pero es verano y las piletas de lona -armadas de las puertas hacia afuera de las casas- son el sujeto tácito de los niños de vacaciones. 

“Cuando era chico, las etiquetas me afectaban mucho. En la escuela decían: ‘Cuidá tus cosas que éste viene del Bajo Flores’; yo lo escuchaba. No entendía lo que estaba pasando en mi casa pero sí que cuando la maestra preguntaba: ¿De qué trabaja tu papá?, yo no sabía qué contestar”, recuerdaViviana, su mamá, lo interrumpe mientras sirve jugo con hielo: “Es que yo había vivido en una mentira. Yo me di cuenta de que mi marido no trabajaba en el correo recién cuando lo detuvieron”.

Un compañerito del colegio -también hijo de padres que delinquían- le contó a Lucas que su papá robaba. Pero él no quiso creer: “Me gustaba la mentira, me gustaba pensar que teníamos los mismos problemas que los demás chicos. No sé, si les habían regalado la Play anterior y no la última, por ejemplo”. Su papá quedó en libertad cuando él iba a salita amarilla pero siguió entrando y saliendo del penal, una y otra vez.

“Yo veía que mi papá no había tenido oportunidades ni contención, pero yo sí las tenía. Lo tenía a él, que a pesar de todo me quería. No era el chorro que muestran las películas, al que no le importaba nada. Yo además tenía el apoyo de mi mamá”, dice Lucas. Empezó a leer compulsivamente -leyó a Kafka en primaria- y en séptimo grado se dio cuenta de que quería tocar un instrumento. Una chica del barrio le enseñó a tocar la batería, “pero no pudo seguir, tuvo que salir a trabajar, viste como es acá”.

Hasta que alguien le dijo que abriera los ojos: a pocos metros de su casa, ensayaba una orquesta. Lucas se levantó a las 8 de la mañana, despertó a su mamá y fue a anotarse. Ahí se encontró, por primera vez, con un contrabajo. El instrumento se veía gigante en un chico de su tamaño.

Al año siguiente, se anotó en un secundario especializado en música por fuera del barrio, en Saavedra. “Empecé a vivir entre dos mundos. Volvía al barrio y les contaba a los chicos que me había convertido en músico pero ellos me decían: ‘¿y de qué vas a trabajar?’. Porque en estos barrios de emergencia trabajar es romperte la espalda, eso hacen los hombres”, dice, y hace comillas con los dedos.

Un año y medio después de haber empezado a tocar, pasó algo imposible para “una manzana podrida”. Diez adolescentes que estudiaban en el Proyecto de Orquestas Infantiles y Juveniles de la Ciudad fueron becados para estudiar en un prestigioso conservatorio en Berlín.

“Leyeron uno a uno los ganadores. El último era yo. No lo podía creer. Me tuvieron que agarrar el contrabajo porque casi me desmayo”. A los 14 años Lucas conoció Alemania. Y en esa misma época, su papá -que ya tenía problemas con el alcohol-, se enfermó. A la vuelta, él y sus hermanos empezaron a desayunar y a almorzar en un comedor comunitario.

La música empezó a poner en notas lo que él no podía poner en palabras. Tocó una Elegía (un lamento) cuando murió su tío y tocó Bach en el velatorio de su padre, que murió hace 3 años. “Era como una canilla que había estado tapada. Con la música, todo lo que sentía, fluía”, dice, mientras sus hermanos más chicos se asoman desde las cortinas que hacen las veces de puertas de sus habitaciones y lo escuchan con fascinación.

Lucas siguió contándole a los chicos del barrio que existía el “libre albedrío”, que podían elegir otra cosa, “pero ya los habían convencido: tanto te machacan con que ‘el hijo del chorro va a ser el próximo el chorro’, que se lo terminaron creyendo”.

No lo sabía pero el Teatro Colón ya había entrado a su vida años antes, cuando uno de sus profesores lo había invitado a ver “Onegin, el ballet”, con música de Tchaikovsky. “Esa vez, mi mamá me puso un traje de mi papá, tuvo que achicarlo todo porque yo iba a la primaria. Recuerdo que iba al Colón y miraba para arriba, donde está la cúpula. Escuchaba a los chicos del coro y no sabían dónde estaban, sentía que eran ángeles que me estaban rodeando”.

Hasta que, en 2015, alguien le insistió para que intentara entrar al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. “Yo misma -interrumpe su mamá- le decía que esas cosas eran para la gente de plata”. Lucas audicionó mal y pasó un mes encerrado en esta casa, angustiado. Hasta que decidió pasar el verano entero estudiando: como las clases particulares eran caras (cuestan unos $500) tocaba, se grababa, se escuchaba, encontraba el error y volvía a hacerlo.Volvió a audicionar. A los 18 años entró al Colón.

A la derecha, Lucas, en el Colón con su contrabajo prestado.

A la derecha, Lucas, en el Colón con su contrabajo prestado.

En el Instituto se encontró con chicos “que no eran como yo”. Muchos tenían contrabajos de 200.000 pesos, sus padres les alquilaban un departamento para poder estudiar en la Capital, sabían idiomas y tenían dinero para pedir comida.Lucas tenía un contrabajo chino prestado (de 20.000 pesos), se subía al 44 y lo bajaban: los choferes le decían “no pibe, con eso no. Pedite un flete o tomate un taxi”. Llegaba tarde a clase porque caminaba para ahorrarse un pasaje y picoteaba de la pizza de los demás porque no tenía plata para cenar. “Yo iba igual. A veces llegaba tarde o me cagaba de hambre, pero yo iba igual”.

Volvía al Bajo Flores casi a la medianoche. Hasta que una noche, sucedió: le robaron el contrabajo. Su vida se puso todavía más áspera porque la Justicia acusó a la pareja de su mamá de haber cometido un delito para recuperarlo. “El día que cumplí 19 años terminé tirado ahí en el piso, con la bota de un policía sobre mi cabeza”.

Seguía sin contarle a nadie lo que estaba pasando en su casa, ni siquiera cuando los profesores le decían “Lucas, sos un vago, estás siempre desconcentrado”. “Pensá que había que llevarle plata a él, que estaba detenido y tuve que declarar en el juicio”. Además, había que mantener a una familia en la que ya había cinco hermanos. Pero siguió adelante.

Viajaron a tocar a Brasil y se presentaron en el Teatro Coliseo con “El Lago de los Cisnes”, dirigido por el bailarín Iñaki Urlezaga. Y están por salir de gira a Mar del Plata. “El esfuerzo no es físico, es mental, porque la cabeza te quiere comer todo el tiempo. Yo quiero ir a estudiar al conservatorio en Alemania o al de España y a veces mi cabeza dice ‘no, eso no es para alguien como vos, hasta acá llegaste’, porque uno tiene que tener plata y su propio instrumento, o conseguir una beca”.

Por las dudas, Lucas ya se anotó en el Centro universitario de Idiomas de la UBA para aprender alemán. Y tiene el apoyo de la Plataforma NNAPES, que se dedica a empoderar a los hijos de padres encarcelados.

“Tanto ellos como la gente de las orquestas me cambiaron la vida: me mostraron que sí había otro camino. Quisiera que acá en los barrios las ONG pudieran estar más conectadas y que se capacite a las maestras para que no etiqueten a los chicos con padres detenidos. Siempre pienso en ese chico de la primaria que tenía a los dos padres presos. Hoy lo veo todo drogado, con una 22 en la cintura y me pregunto: ¿qué habría sido de su vida si no lo hubieran convencido de que estaba condenado a ser un chorro?”.

Fuente:Infobae